CARTA DE RENUNCIA DEL
SR. DAVID BRANDT

15 de Noviembre del 2000

 

PARA: Dr. Michael Goldstein, Coordinador Central de los Estados Unidos;  Dr. John C. Evans, Presidente de la Organización Sathya Sai en los Estados Unidos y el Sr. Indulah Shah, Presidente Internacional de la Organización Sathya Sai

 

Estimado Sr. –

 

Yo no sé si usted está consciente de los volúmenes de investigaciones que se han escrito acerca de muchas personas que han sido declaradas clínicamente muertas y han pasado por la experiencia de la muerte. El tema común es el de ir a través de un túnel a la luz, encontrándose a un representante Divino o algún ser querido que haya fallecido antes, después viene el “REPASO DE LA VIDA”. En el repaso de la vida uno se tiene que enfrentar con todas las cosas importantes que hizo durante la vida que acaba de pasar. Esto es importante no en términos de posición, poder, ego o bienes materiales, sino importante en términos de su relación kármica con otros y el cumplimiento o la falta del mismo en cuanto a las metas, relacionadas con el alma, que vinieron a cumplir. Tal parece, según los que han pasado por esta extraordinaria experiencia, que es un juicio propio que los persigue por el resto de sus vidas una vez que han regresado a su cuerpo.  Es ver cómo ha tratado uno a los demás, y cómo ha manejado las responsabilidades, no desde el punto de vista de uno mismo, sino de aquel a quien uno le hizo daño o ayudó. En cierto caso, por ejemplo, un francotirador militar vio cómo condenó a su víctima a una interminable tortura después de su muerte, por no saber éste lo que le había ocurrido y estar anhelando a su familia y a sus amigos. El vio también cómo afectó a la familia de su víctima y cómo tuvieron ellos que enfrentarse al hambre y la miseria debido a la muerte del hombre.  El francotirador sentía como propia la agonía de la pérdida que sentían la esposa y los hijos. Vio cómo interrumpió el árbol genealógico de la familia e interfirió con el plan de futuros hijos que ya no iban a nacer.

 

En todos los casos, después del repaso de la vida, el testigo siente horror al darse cuenta de la cantidad de daño que ha hecho o ha apoyado y la diferencia que esto ha causado en las vidas de algunos seres. Haría cualquier cosa por cambiar lo que desearía no haber hecho, pero en la mayoría de los casos sería demasiado tarde. Tal parece que el peor juicio de uno mismo es convertirse en enemigo de la humanidad al deliberadamente o conscientemente hacerle daño a otros, ya sea por vía directa o por complacencia y cooperación. Es una carga tan desgarrante que es casi imposible de llevar.

 

Yo le pediría que se viera a sí mismo pasando por el repaso de la vida y considerara a su alma y dónde se encuentra usted en estos momentos. No importa cual sea su excusa, usted se va a tener que enfrentar con la tortura que le ha causado a los pequeños y jóvenes por medio de sus acciones como oficial de la Organización Sai.

 

Yo fui un miembro devoto de Sai por 28 años con mis experiencias internas y externas. Pero cuando me enteré de la verdad de lo que estaba sucediendo entre bambalinas, pensé en el repaso de la vida ante Dios y me di cuenta que nunca podría enfrentarme con haber sido parte del daño o la muerte causada a pequeños inocentes. Cuando me parara ante Dios en la muerte no habría excusa. Sería culpable de crímenes en contra la humanidad que no podría soportar. Usted tiene tiempo, antes de morir, de comenzar a pagar por lo que ha causado en dolor y sufrimiento a la humanidad, si comienza usted ahora. Usted sabe lo que tiene que hacer  en la profundidad de su alma y de su conciencia. Nosotros somos responsables de nuestras acciones. Somos responsables por lo que hagamos que afecte a otros y somos especialmente responsables por lo que hacemos en posiciones de responsabilidad, de poder y de autoridad sobre otros.

 

Ni en soberbia ni en odio, sino en amor por su alma, que procede de Dios, le pido que reconsidere.

 

También considere ésta como mi carta renuncia a Sai Baba y a su plan caído.

 

Estoy siempre abierto a cualquier comunicación.

 

En la merced del Dios Divino

 

Dave Brandt